Cuba afirmó estar abierta al diálogo con Estados Unidos, pero dejó claro que no aceptará negociaciones sobre cambios en su régimen político. La posición fue expuesta por el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, al definir los límites para eventuales conversaciones con Washington. Según él, hubo un intercambio de mensajes entre los gobiernos, sin apertura formal de diálogo.
La declaración se produce en medio del aumento de la presión estadounidense. El presidente de EE. UU., Donald Trump, reforzó las sanciones, suspendió el suministro de petróleo venezolano a la isla y amenazó con imponer aranceles a los países que incumplan el bloqueo, citando riesgos para la seguridad nacional.
Dependiente del combustible importado, Cuba enfrenta inestabilidad en el sistema eléctrico, con apagones y efectos directos sobre la población. Un corte reciente afectó a Santiago, la segunda ciudad más grande del país, en medio de temperaturas históricamente bajas. La ONU advirtió sobre el riesgo de un colapso humanitario si no se restablece el suministro.
Cossío afirmó que La Habana busca un diálogo basado en el derecho internacional, en el respeto a la soberanía y en relaciones bilaterales estables, sin imposiciones políticas.



